Subes tus manuales
PDF, Word o texto pegado. Tus políticas, tus procedimientos, tu manual de bienvenida — lo que ya tienes escrito, aunque esté desordenado.
Subes los documentos de tu empresa. Hábil entiende tu operación, arma el curso —lecciones, evaluaciones y práctica— y se lo imparte a tus trabajadores por el WhatsApp que ya traen en el bolsillo. Sin app que instalar, sin contraseñas, sin sacarlos del piso.
Prueba sin tarjeta: un curso y hasta 10 colaboradores.
Lo que hoy te toma semanas de armar presentaciones y juntar a la gente en sábado, aquí son unos minutos y un enlace.
PDF, Word o texto pegado. Tus políticas, tus procedimientos, tu manual de bienvenida — lo que ya tienes escrito, aunque esté desordenado.
Antes de escribir una sola lección, deduce a qué te dedicas, qué puestos tienes, qué riesgos corre tu operación y qué normativa te aplica. Ese entendimiento es lo que hace que el curso hable de tu empresa y no de una empresa genérica.
Ves cada lección junto a la parte del documento de donde salió, editas lo que quieras y publicas. Nada llega a un trabajador sin que una persona lo haya aprobado.
Le mandas un enlace o pegas un QR en la sucursal. El trabajador escribe una vez y el curso arranca: lecciones con nota de voz, preguntas, y práctica conversada con un cliente difícil que no existe.
La diferencia no está en el contenido bonito. Está en que llega, en que se puede comprobar, y en que aguanta una auditoría.
Cada afirmación del curso se busca, palabra por palabra, en el documento del que dice venir. Si no está, no se publica. Un curso que enseña como regla de tu empresa algo que la IA se imaginó es peor que no tener curso.
La constancia de habilidades laborales que pide la STPS se genera sola cuando el trabajador se certifica. La capacitación deja de ser un gasto discrecional y pasa a la carpeta que sí revisan.
A los 7 y a los 30 días Hábil vuelve a preguntar. Así sabes qué se quedó de verdad, en vez de un reporte de cursos completados que no dice nada sobre lo que pasa un martes a las tres de la tarde.
Las lecciones llegan como nota de voz, y el trabajador puede contestar con la suya. Para quien lee poco o trae las manos ocupadas, esa es la diferencia entre capacitarse y no.
Atiende a un cliente molesto que Hábil interpreta, y manda la foto de cómo dejó su estación. Se evalúa contra tu propio estándar, no contra una idea general de lo que está bien.
«¿Cuántos días de vacaciones me tocan?» «¿Qué hago si se va la luz?» El trabajador pregunta y Hábil contesta citando la política de tu empresa, a la hora que sea.
Tu gente de piso es la que atiende al cliente, maneja el efectivo y sigue el protocolo cuando nadie la ve. Es la que menos capacitación recibe, porque juntarla en un salón cuesta la operación de ese día.
Por escalón, no por trabajador medido. Con la rotación de una cadena, un precio por asiento te obliga a vigilar altas y bajas para no llevarte un susto en la factura.
Pesos mexicanos, más IVA. Cancelas cuando quieras desde el panel.
No hay demo que agendar ni vendedor que te llame. Te registras, subes un documento y en unos minutos tienes un curso listo para revisar.
Empieza gratis